Ratafia. II parte.

martes, 16 de agosto de 2011



RATAFIA





Pasados los días a sol y serena, observaremos que el color de la ratafia a cambiado y tiene un olor característico.



Ahora colaremos la ratafia con ayuda de un paño, para que la pequeñas partículas queden en el.




Ahora lo repartiremos en botellas de cristal y lo dejaremos reposar unos tres o cuatro meses, hasta entonces esperaremos....







La ratafía catalana tiene el sello de DG (denominación geográfica) desde 1989,
un reconocimiento comunitario a las bebidas espirituosas que se elaboran en  una
zona determinada que le da un carácter y unas cualidades definidas.
Su origen se remonta a la antigüedad. En tierras catalanas la tradición ha
perdurado, principalmente en los núcleos rurales de la Cataluña Vieja. La
fórmula más antigua que se conoce es de 1842, de un recetario encontrado en la
comarca de la Selva, donde constan recetas de diferentes tipos de licor, cocina
y remedios caseros. La ratafía se elaboraba en las casas de payés y formaba
parte de las múltiples bebidas que se consumían. Cada uno daba su toque especial
al licor, un secreto bien guardado que pasaba de padres a hijos. Actualmente,
muchas familias siguen preparando ratafía, pero la que se comercializa proviene
de pequeñas o grandes empresas especializadas. Fuente: aquí.













La leyenda de la Ratafia según Jacint Verdaguer.


Si no le sabe de qué le viene el nombre a esta extraña y sabrosa bevenda tan catalana y pagesívola, yo os lo diré suficiente.
Pero antes de esbadiar [explicar] el nombre hablamos de la cosa. ¿Qué es la ratafía? Es un aguardiente abonado con un trozo de piel de limón, cuatro o cinco claveles, una nuez moscada, una cáscara de nuez verde partida a trocitos y un pedazo de canela de Holanda, a la que algunos añaden un brote de menta y de hierba luisa , según los grados de aroma que se le quieran dar.
Todo ello se pone unos días al sol. Así, poco acá y poco allá, pues en esto, como en todas las cosas, cada tierra hace su guerra, así lo hacen los campesinos de Cataluña, único país en el que es conocida la ratafía.


Ahora veamos de qué le viene ese nombre, tan extraño como el licor mismo.
Dice que una vez, en una masía de nuestra tierra, se
encontraron tres de sus obispos: el de Vic, el de Barcelona arzobispo de Tarragona, que averiguaban y escamas algún asunto en pequeño concilio territorial.
Cuando, después de hablar bien, estuvieron entendidos y hubieran firmado la compuesta, pidieron al masovero algo para hacerse pasar la sed. Él, como gran requisito, los sacó una amplia botella de ratafía, que los sirvió en tres vasos de cristal, que presentó en una sola copa.
La bebida era nueva para ellos, y les gustó, como suele gustar a todos los que la prueban.
-Qué bebida es esa tan buena? -Le preguntaron-. Como se llama?
-Es una bebida que nosotros nos hacemos-respondió el masovero.
-Y no tiene nombre? -Replicó uno de los obispos.
-Yo no lo sé ninguno-respondió el campesino.
-Pues, ya que nadie le ha dado nombre todavía, damos a ella nosotros-dijo el obispo-. ¿Qué le pondremos? Si encontráramos uno que fuera como el sello del tratado que acabamos de hacer, este verdaderamente sería el mejor.
Los tres señores obispos pensaron un poco, hasta que uno de ellos se dio una mano en la frente y dijo:
-Rata fiat! [Queda firmado.]
Con la aprobación de los demás obispos, los cuales celebraron el chiste, ese licor catalán, que es el más catalán de todos, quedó bautizado con un nombre latino, y con este nombre es conocido en todas partes.







La llegenda de la ratafia segons Jacint Verdaguer

Si no li sabeu de què li ve el nom a aquesta estranya i gustosa bevenda tan catalana i pagesívola, jo us ho diré prou.
Però abans d’esbadiar [explicar] el nom parlem de la cosa. Què és la ratafia? És un aiguardent adobat amb un tros de pell de llimona, quatre o cinc clavells, una nou moscada, una pela de nou verda partida a tallets i un bocí de canyella d’Holanda, a la qual alguns afegeixen un brot de menta i de marialluïsa, segons els graus d’aroma que se li vulguin donar.
Tot això es posa uns quants dies a sol i serena. Així, mica ençà i mica enllà, car en això, com en totes les coses, cada terra fa sa guerra, així ho fan els pagesos de Catalunya, únic país en què és coneguda la ratafia.

Ara vegem de què li ve aqueix nom, tan estrany com el licor mateix.
Diu que una vegada, en una masia de la nostra terra, es
trobaren tres dels seus bisbes: el de Vic, el de Barcelona i l’arquebisbe de Tarragona, els quals esbrinaven i escatien algun assumpte en petit concili territorial.
Quan, després d’enraonar-ho bé, estigueren entesos i hagueren signat la composta, demanaren al masover alguna cosa per fer-se passar la set. Ell, com a gran requisit, els tragué una ampla ampolla de ratafia, que els serví en tres gots de cristall, els quals presentà en una sola copa.
La beguda era nova per a ells, i els agradà, com sol agradar a tos els qui la tasten.
—Quina beguda és aqueixa tan bona? —li preguntaren—. Com se’n diu?
—És una beguda que nosaltres ens fem —respongué el masover.
—I no té nom? —replicà un dels bisbes.
—Jo no n’hi sé cap —respongué el pagès.
—Doncs, ja que ningú no li ha donat nom encara, donem-l’hi nosaltres —digué el bisbe—. Quin li posarem? Si en trobéssim un que fos com el segell del tractat que acabem de fer, aquest verament seria el millor.
Els tres senyors bisbes pensaren una mica, fins que un d’ells es donà un cop de mà al front i digué:
Rata fiat! [Queda firmat.]
Amb l’aprovació dels altres bisbes, els quals celebraren l’acudit, aqueix licor català, que és el més català de tots, quedà batejat amb un nom llatí, i amb aquest nom és conegut a totes bandes. Fuente.




1 comentarios:

SINEQUANUM dijo...

Esperando a Navidad para probarla.

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